El xG (goles esperados) es una de las cifras más citadas en el fútbol moderno. Puede ayudar de verdad a entender la calidad de las ocasiones y el rendimiento repetible, pero también genera muchas lecturas equivocadas: “merecimos ganar”, “tuvieron suerte”, “está acabado”, todo basándose en el xG de un solo partido. La clave está en los matices: cómo se construye el xG, qué deja fuera y lo rápido que se vuelve ruidoso cuando se usa como veredicto definitivo.
Qué mide realmente el xG (y qué no)
En esencia, el xG es una probabilidad asignada a un disparo: un número entre 0 y 1 que estima cuántas veces una ocasión similar acaba en gol. Los proveedores entrenan estos modelos con grandes bases históricas de tiros y usan información del intento —como la ubicación, el ángulo, la parte del cuerpo y el contexto de la jugada— para estimar lo “marcable” que era el remate. Cuando sumas el xG de todos los disparos de un partido, obtienes una expectativa aproximada de goles a partir de las ocasiones creadas, no una promesa de lo que “debió” pasar.
Esto importa porque mucha gente habla del xG como si midiera el rendimiento global en todas las fases del juego. No lo hace. El xG tradicional empieza cuando se ejecuta el disparo, así que no puede reflejar del todo cómo defendió un equipo, cómo progresó por el centro del campo o cuántas veces llegó a zonas peligrosas sin finalizar. Un equipo puede dominar territorio, forzar errores y aun así acumular un xG modesto si se conforma con tiros bloqueados o remates desde ángulos pobres.
También conviene saber que el xG no es un número universal. Distintos proveedores usan variables diferentes y datos de entrenamiento distintos, de modo que dos fuentes respetadas pueden asignar valores diferentes al mismo partido. Incluso una decisión pequeña del modelo —cómo tratar la presión defensiva, si incluir la posición del portero, o cómo etiquetar “asistencias” o “centros”— cambia el resultado. Por eso lo sensato es comparar siempre en igualdad de condiciones (mismo proveedor, misma competición, mismas definiciones) antes de sacar conclusiones firmes.
xG pre-disparo vs xG post-disparo: el detalle que cambia la historia
La mayoría de los gráficos muestran un xG pre-disparo: la calidad de la ocasión en el momento del remate, según la situación que lo generó. Esta versión ayuda a separar “creamos buenas oportunidades” de “tiramos mucho por tirar”. Dos equipos pueden acabar con 1,5 xG y, aun así, haber producido partidos muy distintos: uno quizá tuvo cinco ocasiones medias; el otro, una ocasión enorme y una colección de tiros de baja probabilidad.
El xG post-disparo (a menudo llamado PSxG) añade información sobre a dónde fue el tiro —si fue colocado hacia las esquinas o directamente al portero—. Eso lo vuelve útil para evaluar definición y portería: desde el mismo punto de disparo se puede golpear mal o de forma perfecta, y el xG post-disparo intenta reflejar esa diferencia. Si un portero encaja con un PSxG muy bajo, puede sugerir un error; si un delantero convierte repetidamente tiros de alta dificultad post-disparo, suele indicar colocación de élite más que simple buena suerte.
Aun así, hay que ser prudente: el xG post-disparo puede favorecer o castigar en muestras pequeñas. Un par de disparos a la escuadra disparan el PSxG de un atacante, y un par de desvíos pueden empeorar artificialmente los números de un portero. La forma correcta de usarlo es en tramos largos y con revisión en vídeo, especialmente cuando hay rebotes, pantallas o pequeños toques.
Cómo leer el xG correctamente: lista práctica para partido y temporada
Empieza por el contexto tiro a tiro, no por el total del encabezado. Una ocasión de 0,75 creada con un pase atrás al área pequeña no equivale a quince tiros de 0,05 desde fuera, aunque el total sea parecido. Al analizar un partido, pregúntate: ¿cuántas ocasiones “claras” hubo y de dónde salieron —transiciones rápidas, presión sostenida, acciones a balón parado o errores individuales?
Divide los datos en bloques útiles. La separación más básica es juego abierto vs balón parado. El xG de balón parado es real, pero se comporta distinto: depende mucho de la calidad del envío, de rutinas trabajadas y de decisiones arbitrales (especialmente los penaltis). Para comparar equipos, suele ser más justo mirar primero el xG en juego abierto y luego añadir el balón parado cuando ya entiendes el estilo y la repetibilidad.
Ojo con los penaltis y su enorme impacto en los totales. Muchos modelos tratan cada penalti como un valor fijo cercano a tres cuartos de gol. Un solo penalti puede cambiar por completo la “historia del xG” de un partido más que veinte minutos de juego abierto. Por eso en análisis se usa a menudo el xG sin penaltis (npxG), para evitar que una única decisión domine la lectura.
Qué hacer cuando el xG y el marcador cuentan historias distintas
Primero, comprueba si la diferencia de xG viene de pocos eventos. Si el equipo que perdió tuvo una ocasión enorme (por ejemplo, 0,8 xG) y la falló, el partido parecerá “injusto” en términos de xG, pero el fútbol puede decidirse por un puñado de momentos. Eso no es “suerte” en un sentido mágico; es simplemente cómo funciona un deporte de pocos goles.
Segundo, considera la variación en la definición y en la portería. Un equipo puede rendir por encima del xG durante algunos partidos porque un delantero está en racha o el portero está haciendo paradas determinantes. A lo largo de una temporada, los equipos tienden a acercarse a la calidad real de sus ocasiones, aunque algunos jugadores sí pueden mantener ventajas de finalización, sobre todo si eligen bien los tiros o colocan el balón con precisión (algo que captan mejor las métricas post-disparo).
Tercero, piensa si el plan de partido intercambió calidad de tiro por control. Algunos equipos aceptan tiros de baja probabilidad para sostener presión y evitar contras; otros evitan disparar salvo que la ocasión sea limpia, lo que puede mejorar su xG por tiro mientras reduce el volumen total de remates. El xG no juzga tácticas por sí solo: describe únicamente los tiros que ocurrieron.

Por qué el xG a menudo engaña: trampas comunes incluso para aficionados informados
La trampa más grande es tratar el xG como un marcador de “goles merecidos”. El xG es una estimación basada en promedios históricos, no una ley de la naturaleza. Si un partido termina 1–0 y el perdedor suma 2,1 xG, no significa automáticamente que jugó mejor. Puede significar que creó ocasiones y no las aprovechó, o que su xG salió de muchos tiros de poco valor más un gran fallo, mientras el ganador generó menos, pero defendió mejor el área y gestionó momentos más controlables.
Otra trampa es ignorar las diferencias entre proveedores y la calidad del dato. El modelo solo puede ser tan bueno como los eventos que registra y cómo se etiquetan. Si la presión defensiva o la posición del portero no se capturan (o se capturan de forma inconsistente), dos tiros “parecidos” pueden tratarse como idénticos cuando no lo fueron. Algunas revisiones modernas añaden más contexto para reducir estos puntos ciegos, y por eso los valores pueden cambiar cuando los proveedores actualizan sus modelos.
La tercera trampa es reaccionar de más a muestras pequeñas. Un partido de xG dice muy poco. Cinco partidos dicen algo más. En tramos de 20–30 partidos empieza a verse la forma estable de un equipo: si crea ocasiones buenas de manera constante, si concede tiros peligrosos y si su estilo produce chances repetibles. Aun así, conviene contrastar con vídeo y con el nivel de los rivales.
Mejores preguntas que hacer con el xG (para no sacar conclusiones erróneas)
En lugar de “¿quién mereció ganar?”, pregunta “¿qué tipo de ocasiones se crearon y son repetibles?”. Un equipo que vive de rebotes caóticos y despejes a la desesperada puede generar un xG desordenado que oscila mucho de semana a semana. Un equipo que produce pases atrás frecuentes y uno contra uno suele estar construyendo algo más sostenible.
En lugar de “¿este delantero es malo porque rindió por debajo del xG?”, pregunta “¿qué tiros está tomando y desde dónde?”. Un atacante forzado a remates de baja calidad rendirá por debajo de lo que espera el ojo, aunque su finalización sea correcta. Y revisa si tira penaltis: separar números sin penaltis suele dar una visión más justa de la aportación en juego abierto.
Y en lugar de “el xG prueba la narrativa”, úsalo como una herramienta que necesita contexto. El hábito más útil es una rutina sencilla: comprobar penaltis, separar juego abierto y balón parado, mirar las tres ocasiones más grandes del partido y comparar esa imagen con lo que realmente viste. Usado así, el xG ayuda a entender el fútbol en vez de convertirlo en una discusión.